¿Qué podemos llegar a saber con absoluta certeza?

Una exploración hacia un conocimiento cierto, comprobable, libre de todo supuesto, más allá de la llamada "ciencia" y el escepticismo.

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Metodología

¿Qué es aquello de lo que podemos estar absolutamente seguros sin dar lugar a supuestos, creencias, dudas o hipótesis? Si tal certeza es posible, es posible llegar a ella mediante un proceso de eliminación de todo supuesto, de todo aquello de lo que se pueda dudar o no se pueda estar absolutamente seguro de su realidad o validez. Es decir, con este proceso de eliminación se busca llegar a algo que sea real sin duda alguna y descartar todo lo dudoso como posiblemente ilusorio o erróneo.


Este método sólo presupone la validez de la lógica y el razonamiento como medios confiables de llegar a una conclusión válida. Sobre todo, se asume que son válidos para reconocer todos los demás supuestos que no han sido apropiadamente cuestionados. Este supuesto será analizado al final del artículo.

Cuestionamiento inicial

Para realizar este proceso se puede empezar observando el mundo físico o material. ¿Se puede estar absolutamente seguro de su existencia o realidad? No, no es posible estar seguro de la realidad del mundo ya que todo lo que conozco del mundo provienen de los sentidos y la mente, que no son confiables. Así, el universo entero puede ser descartado, incluyendo el propio cuerpo, puesto que no se puede estar seguro de su realidad o existencia como tal.


Tampoco se puede estar seguro de todo aquello que aparece en la mente, como pensamientos, recuerdos, conocimientos, ideas, imaginaciones, interpretaciones, etc. Todo esto se puede descartar, y con ello se descarta también la ciencia y todo el campo del conocimiento humano. Incluso la noción o sentido de ser un Yo individual y personal puede ser descartada puesto que es solo una noción, sentido o idea que puede ser puesto en duda.


Habiendo descartado el universo entero, el cuerpo, todos las percepciones de los sentidos y todo lo conocido por la mente, pues no pueden ser absolutamente confiables, ¿qué queda entonces? ¿Qué es aquello que no se puede descartar por ser dudoso?


No se puede descartar aquello por medio del cual se está descartando. Esto es: la consciencia. La consciencia no puede ser descartada porque es aquello mismo por lo cual todo lo demás puede ser descartado. Es decir, todo lo conocido puede ser descartado como no esencial, pero la consciencia misma no es algo conocido, tal como se conoce un objeto, sino que es aquello por lo cual se conoce. En este análisis, la consciencia es entendida como el conocimiento en sí mismo.


En otras palabras, se puede dudar todo pero no se puede dudar que se está dudando. La duda implica necesariamente consciencia, pues es imposible dudar sin consciencia. Es decir, de lo que se puede estar absolutamente seguro es de ser consciente. Es más, al ser consciente, no puedo dudar de mi existencia, puesto que la consciencia demuestra o evidencia que yo soy o existo. Es decir, no se puede dudar de la propia existencia ni de la consciencia.


Por otro lado, si bien no se puede garantizar de que todo lo que es observado es real, o de que cada cosa exista verdaderamente como tal, lo único que se puede decir con total certeza es de que hay “algo” que es conocido o experimentado, aunque no sepamos cuál es la naturaleza de ese “algo”. Por ejemplo, aunque no se pueda decir que el universo es real como tal, podemos decir con total certeza que “algo”, al que se llama “universo”, es observado.


Por lo tanto, sin necesidad de recurrir a nada más que a un razonamiento indubitable que cualquiera puede realizar, podemos estar absolutamente seguros de los siguientes hechos:

  1. Yo soy consciente o, mejor dicho, existe la consciencia.
  2. Yo soy (existo) o, mejor dicho, hay existencia.
  3. “Algo” es observado o experimentado.


De estos tres puntos podemos estar absolutamente seguros y todo lo demás es dudoso y posiblemente ilusorio. Pueden ser tomados como axiomas con los que podamos obtener un conocimiento más firme de la realidad.


La existencia, la consciencia, el Yo y el mundo

Estos puntos todavía suscitan algunas preguntas:

  1. ¿Qué es el “Yo”, del que decimos que existe y es consciente?
  2. ¿Cuál es la naturaleza de esa existencia?
  3. ¿Cuál es la naturaleza de esa consciencia?
  4. ¿Qué es ese “algo” que sabemos que es observado o experimentado pero no sabemos qué es?


Para responder a las tres primeras preguntas, tan solo es necesario investigar la naturaleza del “Yo”. Al estar completamente seguro de que “YO SOY”, ¿qué es eso que dice “YO SOY”? Esto no puede ser otra cosa que la consciencia. Es la consciencia la que dice “YO SOY” y por lo tanto es la consciencia la que verdaderamente existe y conoce su propia existencia. Es decir, la consciencia es la existencia misma. Consciencia y existencia son equivalentes. Por lo tanto, la consciencia, y la existencia misma, es YO. Cuando yo digo “YO”, es la consciencia la que verdaderamente dice “YO”, siendo ésta la existencia en sí. Es decir, lo que yo verdaderamente soy, es la consciencia, la existencia misma.


Debe notarse que para tener la certeza de que el Yo verdadero es consciencia, no son necesarios ni el cuerpo, ni el universo, ni la mente. Decir que la consciencia depende del cuerpo para su existencia, es un supuesto infundado por evidencia alguna. Asimismo, no se puede decir que la Consciencia, el Yo verdadero, depende del universo para que exista. Por el contrario, es necesario admitir que la consciencia existe independientemente del cuerpo o de cualquier otra cosa, incluyendo el universo entero, pues la consciencia es la existencia en sí, que existe independientemente a todo y sin la cual nada existe o, mejor dicho, nada parece existir.


Por último, para investigar la naturaleza de ese “algo” que es experimentado sin saber qué es, es necesario admitir que tal "algo" no puede ser otra cosa aparte de la existencia, pues nada existe fuera de la existencia, que ha sido descubierta como la consciencia misma. Es decir, ese “algo” debe ser también consciencia, aunque no necesariamente consciente. De hecho, no puede existir nada aparte de la consciencia porque no existe nada aparte de la existencia.


Para ver esto con más claridad, se ha de notar que todas las cosas que son observadas, percibidas, sentidas, pensadas, imaginadas, conocidas o, en una palabra: experimentadas, no aparecen más que EN la consciencia y no fuera de ella. 


¿Cómo podemos verificar que todo aparece EN la consciencia y no fuera de ella? Tomemos el caso de la materia, la cual es normalmente entendida como algo que existe fuera de la consciencia. Aún si tal creencia fuera cierta, lo que se experimenta realmente no es la materia en sí sino la representación de la materia en la consciencia. Por lo tanto, todas las experiencias aparecen EN la consciencia. Es más, es necesario admitir que tal cosa como algo que existe fuera de la consciencia (la materia, la energía, el tiempo, el espacio y la causalidad) es una creencia incomprobable y no es más que un supuesto del que no se tiene evidencia alguna.


Además, es necesario admitir que toda experiencia no está hecha de otra cosa que consciencia. De la misma manera que un objeto con aparentes propiedades físicas es experimentado en un sueño, no teniendo este objeto otra sustancia que la consciencia, así también el mundo material o físico no puede decirse que sea distinto a la de un sueño, pues la materialidad, como algo diferente de la consciencia, no puede ser comprobada.


Por lo tanto, no se puede decir que las cosas existan como tales, pues solamente la consciencia, que es la existencia misma, puede ser comprobada. Todo lo que realmente se experimenta no es más que la misma consciencia manifestándose en diferentes formas, en objetos o experiencias aparentemente distintas.


Si todas las experiencias no son más que consciencia y yo no soy otra cosa que consciencia, entonces necesariamente Yo Soy todas las experiencias. Es decir, no experimento otra cosa aparte de mí mismo; yo soy todas las cosas que experimento; ninguna experiencia es distinta a mí. Aunque sea consciente de diferentes experiencias, como pensamientos, emociones, energía, materia, tiempo, espacio, memoria, etc, todas ellas son en realidad diferentes formas de la misma consciencia, el mismo Yo impersonal.


Yo me experimento a mí mismo como experiencias aparentemente distintas a mí y distintas entre ellas. Pero la realidad es que ninguna experiencia es distinta a otra, ni distinta a mí; todo se reduce a la misma esencia. De hecho, al haber comprobado que la existencia misma no es otra cosa que consciencia y que la consciencia es mi verdadero Ser, necesariamente implica que nada puede ser distinto a este Yo verdadero.


Implicaciones del conocimiento comprobable de la realidad

De esta manera, partiendo de las observaciones a las que hemos llegado mediante un proceso de eliminación de todo supuesto, hemos llegado a su vez a las siguientes conclusiones:

  1. La existencia y la consciencia son idénticas. Es decir, la consciencia es lo que verdaderamente existe. La consciencia es la realidad.
  2. El Yo verdadero es solamente consciencia.
  3. Todo lo que se puede decir del mundo y los sucesos es que son experiencias que aparecen en la consciencia y que toda experiencia es la consciencia misma, manifestada en formas aparentemente múltiples y distintas.
  4. Toda experiencia no es otra cosa que Yo mismo.


Si esto es así, no hay nada que sea contrario ni diferente de mí. ¿A qué tengo entonces que resistirme? ¿Qué debo rechazar?

No hay nada a lo que resistirse y nada que rechazar, pues todo es Yo.

¿Qué es el placer y el dolor sino experiencias y qué son las experiencias sino yo mismo?

¿Qué es "esto y aquello" sino conocimiento y qué es conocimiento sino yo mismo?

¿Qué es el nacimiento y la muerte sino el aparecer y desaparecer de una ola en el océano infinito de la existencia?

¿Qué es el “yo” y el “otro” sino dos nombres que se refieren al mismo Ser, al mismo Yo?

¿Qué son las cosas, los sucesos y los seres sino manifestaciones de la unidad de la existencia-consciencia que Yo Soy?

¿Qué es la alegría y el sufrimiento sino modos de interpretar la plenitud del Ser que no puede sufrir pérdida o ganancia alguna?

Cada cosa es la totalidad misma, sin ser distintas unas de otras más que en nombres y apariencias.

Ningún nombre o apariencia existe como tal, sino solo como la existencia-consciencia misma.

Todo es el continuo de la existencia única y sin límites, mostrándose como multiplicidad y limitación.

"Esto" soy yo, "aquello" soy yo; no hay "esto" ni "aquello": todo es Yo.

Yo soy lo ilimitado sobre lo que lo limitado parece existir.

Yo no soy nada en particular, pues todo lo particular es limitado.

Yo soy el vacío, el silencio, la quietud sobre el que todo lo particular aparece.

Yo soy el lienzo de fondo sobre el que toda imagen es pintada.

Reluzco más puramente como el fondo de silencio entre las palabras y los pensamientos.


Teniendo la total certeza de este conocimiento, ¿qué se puede buscar o qué se puede temer?

Nada tiene que ser distinto a como ya es.

Todo ya está aquí, sin que pueda ser de otra forma.

Cuando ya no se busca nada ni se teme nada, ¿no es esto paz?, ¿no es esto libertad?, ¿no es esto felicidad?

Esta paz, libertad y felicidad es mi verdadera naturaleza.

Mantenerme en esta certeza es verdadera sobriedad y salud.

La mente, los sentidos y todos los condicionamientos sugieren lo contrario, pero ninguna de sus sugerencias son confiables.

Solo la conclusión de un análisis riguroso puede ser confiable.

La conclusión es ésta: Todo es Yo.

Yo soy la existencia.

Yo soy consciencia.

Yo soy la paz inquebrantable.


Apéndice: más allá de la lógica

Hemos dicho que para este análisis se tomará como supuesto la validez de la lógica y el razonamiento. Pero, ¿puede incluso esto ponerse en duda? En este apartado, examinaremos esta cuestión.


La lógica puede entenderse como la forma más fiable que tenemos de inferir nuevos conocimientos a partir de otros conocimientos de base, llamados premisas. La lógica establece principios con los que podemos llegar a conclusiones válidas que nos permiten conocer más de un asunto, con un alto nivel de certidumbre. Por ejemplo, el principio fundamental de la lógica: el principio de la no contradicción, sugiere que no podemos afirmar como cierto algo que es de por sí contradictorio; en esto podemos convenir sin riesgo a equivocarnos. No solo eso, sino que la lógica es muy efectiva para descubrir conocimientos falsos, como las falacias, o reconocer supuestos que han sido tomadas como ciertos. Por otro lado, en conjunción con la lógica, está el razonamiento, que puede ser entendido como la aplicación sistemática de la lógica para derivar conclusiones.


Ahora bien, ¿son la lógica y el razonamiento absolutamente infalibles? Ciertamente no. ¿Por qué? Tomemos el caso de la lógica; la lógica solo es válida para obtener nuevos conocimientos si y solo si las premisas son verdaderas, o mejor dicho, si las premisas han sido comprobadas como verdaderas, aplicando los criterios lógicos. Si las premisas no han sido verificadas como indudablemente ciertas, entonces las premisas son supuestos y si las premisas son supuestos entonces las conclusiones que se puede inferir son también supuestos, de modo que estas conclusiones no tienen validez. Es decir, si un conocimiento se obtuvo a partir de premisas no comprobadas, entonces también ese conocimiento debe ser descartado, al menos hasta que las premisas sean verificadas. Esto implica que la lógica no tiene validez si las premisas son solo supuestos. Por lo tanto, la lógica no es infalible: es vulnerable al error. Si la lógica no es falible entonces se puede decir lo mismo del razonamiento, pues éste depende de aquella. Así, ni la lógica ni el razonamiento son absolutamente infalibles.


Sin embargo, hay una forma de resolver esta falencia. Consiste en hacer uso de una de las aplicaciones más efectivas de la lógica/razonamiento que no involucra ese riesgo de caer en supuestos sino que justamente va descubriendo los supuestos fundamentales y los va descartando uno tras otro. Este es un proceso de deconstrucción de todo conocimiento y una vez que se llegue, después de descartar todo supuesto, a un conocimiento básico y fundamental, recién entonces se puede ir construyendo y derivando nuevos conocimientos. Esto fue lo que hemos hecho aquí. Hemos llegado a hechos que no se pueden negar ni dudar: que hay existencia, que hay consciencia y que somos conscientes de ciertas cosas (aunque no sabemos a priori qué son en realidad). A partir de estas premisas indubitables podemos aplicar de vuelta la lógica/razonamiento para dar sentido a todo esto.


Por otro lado, podemos observar que tanto la lógica como el razonamiento implican el pensamiento y el lenguaje (sea simbólico o lingüístico). Es más, toda expresión del lenguaje implica alguna forma de razonamiento, ya sea rudimentaria o desarrollada. Esto implica que no podemos articular ninguna expresión del lenguaje sin que esté involucrado el razonamiento. Por lo tanto, no podemos decir tal cosa como "hay que descartar también la lógica y el razonamiento", puesto que para decir eso estamos haciendo uso de los mismos. Es decir, no podemos llegar a la conclusión de que debemos descartar la lógica y el razonamiento porque eso implicaría de por sí un razonamiento y por lo tanto quedaría invalidada por ser contradictoria.


Sin embargo, esto último no es del todo descabellado. Podemos observar que el pensamiento, el lenguaje, la lógica y el razonamiento no existen por sí mismos, sino que aparecen como manifestaciones de consciencia. Sin embargo, la consciencia, al ser la existencia misma, existe de por sí misma, con independencia de sus manifestaciones. Es decir, la consciencia, en su estado puro, inmanifestado, existe en ausencia de pensamientos: en silencio, en quietud y vacío. Eso implica que ningún razonamiento, por libre de supuestos que esté, es la verdad en sí. Es decir, la limitación del razonamiento es asumir que es necesario para descubrir la verdad, pero la verdad existe por sí misma. Por así decirlo, lo más lejos que el razonamiento puede llegar es señalar la verdad, la consciencia sin manifestaciones, pero no puede llegar hasta allí, pues llegar hasta allí significaría su disolución.


Por lo tanto, solo la consciencia pura, sin manifestaciones, en silencio y vacío, es la verdad en sí. Esto es lo más cercano a la verdad que el razonamiento puede llegar, reconociendo su propia invalidez. Más allá está la nada, que lo es todo.


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